Los 10 mandamientos según Nietzsche

Nietzsche, el martillo de las conciencias, no deja indiferente a nadie. Si una de sus ideas te penetra, puede dinamitar alguno de tus principios morales, y lanzarte por el camino del crecimiento vital. Este camino es apasionante pero incompatible con la comodidad psicológica. ¿Realmente merece la pena perder tus certezas y tu estabilidad moral? Piénsalo bien, quizás lo mejor para ti sea pasar de largo.

Afirma la realidad

2ª PRINCIPIO; sí a afirmar la totalidad no a su rechazo parcial por odio arrepentimiento.  

Este principio defiende la aceptación integral de la vida. La  realidad ha de aceptarse en su totalidad porque la valoración parcial es una idea absurda. Cada parte determina al todo y a la inversa. Esto afecta no sólo a la totalidad de lo que existe hoy, también a la totalidad de lo que ha pasado hasta hoy.
Si a la totalidad:
La realidad no puede valorarse por partes, porque todas las partes están interconectadas y son interdependientes. Las partes no son auto suficientes, solamente lo es el todo.
Para poder decir si a algo, hay que decir si a todo, o se acepta todo el contenido del mundo, o se decreta su rechazo en bloque.
Nada tiene consistencia por sí sólo, ni en nosotros ni en las cosas, ni en nuestra biografía ni en la historia.
Para producir cualquier instante, toda la eternidad anterior ha sido necesaria
No hubiera sido posible llegar a la situación presente sin las desgracias, tragedias, y demás elementos negativos acaecidos en el pasado. Esto se aplica tanto a la historia como a nuestra biografía. Esta visión panteísta al estilo de Spinoza y continuadora de una visión Hegeliana de la historia, se trasmite a Nietzsche y se mantiene prácticamente intacta.

Sí al determinismo
El hecho de que algo sea como es, no es la consecuencia de la obediencia a ninguna ley, ni es el momento en un proceso que nos lleve a un fin, sino que es en todo momento, todo lo que puede ser, porque se hubiera podido ser otra cosa, lo hubiera sido.
Cada cual llega en cada momento hasta donde puede llegar, porque si hubiera podido llegar a ser más, lo habría hecho.
Cuando uno se supera lo hace porque tiene necesidad de hacerlo, de lo contrario no lo haría
En nuestros actos más deliberados, no hacemos más que jugar al juego de la necesidad, porque nuestro propio querer es destino, uno no elige a sus sentimientos, sino que ellos te eligen a ti.
Para justificar la inocencia de las acciones, Nietzsche nos presenta un determinismo ante la realidad que recuerda mucho al determinismo de la Grecia antigua. Pero ese determinismo no pretende ser una justificación de la inactividad como el que caracteriza a alguna corriente determinista cristiana, este determinismo pretende justificar lo contrario; la acción deseada y realizada. 

No a la depresión o al arrepentimiento
No te sientas fracasado, que te hayan fracasado grandes cosas no es razón para que tú seas un fracasado, cuando más elevado es algo en su género ,más difícil es su logro.
Quien piensa con grandeza, se ha de equivocar con grandeza (Heidegger)
¿Has fracasado? No importa, aun son posibles tantas cosas.
Hay dos tipos de debilidad, la que se quiebra y la que se dobla (Lowell)
Lo que no me mate, me fortalece
Todo corre, vengan a nosotros las desgracias, vengan a nosotros las glorias
Si por la noche lloras por no ver el sol, no podrás ver las estrellas (Tagore)
Al que cae desde una dicha cumplida, no le importa cuan profundo es el abismo
No hay acción inutil, la inutilidad es la nuestra a la hora de encontrar sentido a lo que hemos hecho (FFAA)
La ideología del resentido triunfa cuando logra introducir en la conciencia del afortunado su propia miseria: "no tengo derecho a ser feliz ¡hay tanto dolor!
76. Se puede ser generoso hasta el derroche, pero nunca hay que sentirse culpable de la miseria vigente, ni dudar de tu derecho a la felicidad en medio del dolor
Proverbio de Zaratustra: ¡Que importa!
El arrepentimiento, la culpabilidad, etc. es un sentimiento a rechazar de pleno. Por un lado es un sentimiento fruto de la mentira. Esa mentira que dice que la realidad ha de amoldarse a nuestros deseos. Es un error en la interpretación del mundo, un error en la interpretación de nosotros mismos. Como he dicho, ninguna acción puede condenarse aisladamente porque forma parte del todo. Y el todo no puede condenarse, puede analizarse, fruto de ese análisis podemos tomar decisiones que impliquen una lucha por el cambio, pero siempre desde el amor al todo.

Además de ser un error, es un razonamiento que nos perjudica claramente. Nos aleja de la realidad por lo que la eficacia de nuestro análisis decrece, además nos impide alcanzar la felicidad ya que nos mantiene en una continua situación sentimental negativa.

No al odio del desengaño
El desengaño nos convierte en fiscales del mundo, en demoledores de sueños y en acusadores de todo lo real, por no haber mantenido sus promesas, es decir, por no corresponderse con lo que nosotros le habíamos exigido.
Crisis de conciencia es cuando un ideal en el que te apoyabas se derrumba. Cuando te sientes sicologicamente huérfano buscas un ideal equivalente que sustituya al anterior.
El lenguaje del odio es peligroso aun cuando se tenga razón.
Hay que apartar de nuestro camino a los intolerantes, no saben bailar, son inflexibles y pesados, por eso cuando topen con un agujero se hundirán, y tu con ellos si les acompañas.
Lo que mueve al intolerante no es la fuerza creativa, sino el odio.
El celoso piensa que no vale lo suficiente, tiene una falta de autoestima. Los celos aparecen cuando se tienen mentalidad de impotencia. (FFAA)
El que no tiene cree que se le ha quitado algo, y eso sólo lo puede hacer el que tiene más, a ese le llama injusto.
Desconfió de los que quieren erigirse en jueces del poderoso, porque me parece vanidad oculta y deseo de ser ellos los poderosos.
Los buenos se visten poéticamente con un manto de virtud, mientras que rugen con un subterráneo sentimiento de venganza contra aquellos a los que admiran.
El cristianismo encuentra su compensación en una venganza imaginaria.
Se necesita buscar un culpable a nuestro odio porque las razones alivian.
El castigo tiene como fin mejorar al que castiga.
La violencia del débil busca en el dolor que causa el regocijo que le está vedado experimentar en si mismo.
¿Qué es lo que te hace gruñir así? ¿nadie te adula lo suficiente?
Nietzsche no sólo nos previene para que no caigamos en ese error, también nos recomienda que nos alejemos de las víctimas del desengaño, fáciles de identificar por su exteriorización de odio.

Sí a la aceptación integral de la vida
La aceptación integral de la vida transforma el dolor en alegría. 
El amor a lo ocurrido libera al hombre de su esclavitud del pasado (el arrepentimiento). 
Al aceptar la totalidad de lo real se pierde el ansiedad y su consecuencia el odio, porque como todo se comprende, todo se ama. (Spinoza) 
El que se cierne sobre las más altas montañas, se ríe de todas las tragedias de la escena y de la vida. 
La alegría trágica no es el resultado del saber, sino el punto de partida desde el cual se inicia la aventura del conocimiento 
Si alguna vez te abandona la sabiduría, el amor por la vida te abandonará con la misma rapidez.
No hay que soportar lo que es necesario, sino amarlo. 
El descubrimiento de la bajeza de la realidad nos debe incitar a vivir hasta el fondo este conocimiento. 
El espíritu dionisíaco es lo diametralmente opuesto a la aceptación resignada de la vida, es la exaltación entusiasta de la vida, sin fragmentación y sin excepción.
La clave para evitar caer en la infelicidad es la aceptación integral de la vida. La totalidad ha de aprobarse, tanto en su dimensión global, como en su dimensión personal.  Esto no sólo es un razonamiento teórico, es sobre todo un acto sentimental. El mundo en su totalidad se aprueba en el momento en  el que se ama. Hay que amar todo lo que ha pasado y todo lo que pasa, esta es la única forma admisible de afrontar su transformación, desde el amor. Hay que asumir que lo que somos es el resultado de todo lo que nos rodea y de todas nuestras experiencias pasadas, por eso no cabe ni el odio contra nada  ni el arrepentimiento, al contrario, hay que estar agradecido. Somos hijos de la totalidad. Este amor por el mundo se manifiesta en la ausencia de odiar, incluso contra nuestro principal enemigo. No odiamos a nadie porque entendemos el mundo, entendemos que su infelicidad y su odio es fruto de su impotencia. Por eso el único sentimiento que podemos albergar contra ellos es el de lástima.



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